Agravamiento de Penas por Trafico de Pasta Base





Más allá de las anotaciones precisas y certeras que él ha hecho acerca de este texto –que podría ser mucho mejor–, porque creemos que revela un cambio positivo en nuestro país, dejando atrás esa suerte de argumento por el que se decía que agravar las penas era algo malo. Me parece que es bueno que hoy el Senado de la República vote por unanimidad  un agravamiento de las penas como algo positivo y, además, es bueno que lo haga contra este flagelo de la pasta base. Los datos del Ministerio del Interior señalan que en el año 2004 existían 187 consumidores de pasta base en el Uruguay y transcurridos siete años este número ascendió a más de 30.000. Quiere decir que los 187 adictos a la pasta base en 2004 se han convertido en más de 30.000, lo que representa un problema muy grave para el Uruguay que debemos encarar.
Creemos, además, que es vital que lo que estamos haciendo hoy se traslade a otras áreas de la política de seguridad ciudadana en el país, es decir, que estas medidas para combatir la pasta base también se apliquen a otros delitos; no tengamos miedo de hacerlo.
Nos parece bueno que se agraven las penas y no que el Estado asuma la comercialización y la distribución de la droga. Hemos escuchado con preocupación en los últimos tiempos una propuesta para que el Estado asuma la comercialización de la marihuana, con el argumento de que es un buen negocio que hay que quitar a los narcotraficantes. Si bien la pasta base también es un buen negocio para los narcotraficantes, nadie está pensando –salvo algún jerarca de alguna Intendencia del interior– que el Estado deba distribuir esta droga.
Consideramos que algunos argumentos contenidos en este proyecto de ley están yendo por el camino adecuado. También escuchábamos que si se agravaba la pena respecto a alguien que cometía un delito, eso sería un incentivo para que otros que no estaban en la misma  situación, también lo hicieran. Aquí vemos que se pone como atenuante o como un requisito para que el Juez disponga medidas alternativas que el imputado no tenga antecedentes penales y nadie ha dicho que los narcotraficantes vayan entonces a buscar o contratar a quienes no tengan antecedentes penales o que estamos provocando eso.
Creemos que eso es positivo como también lo es que esta mañana se esté dejando sin efecto –por suerte– el latiguillo, que se repite una y otra vez, de que el agravamiento de las penas no es la solución.
La situación es muy grave y por eso es bueno que se tome esta medida. Si uno analiza la inversión que  ha hecho el país en seguridad pública a través del presupuesto del Ministerio del Interior, ve un crecimiento enorme en los últimos siete años. El monto de ese presupuesto se ha multiplicado por tres, pero también las rapiñas, que pasaron de ser 6.933 –en 2004– a 16.322, lo que representa un crecimiento de 130%.
¿Por qué hago referencia a las rapiñas? Porque se está diciendo que la pasta base influye mucho sobre quienes cometen este delito. Como veremos más adelante, esto es más un mito popular que otra cosa. En la actualidad, hay casi dos rapiñas por hora, es decir, 44 por día.
Frente a esta realidad, el Gobierno puede decir que hay otros índices que han evolucionado positivamente. Hemos escuchado que el número de hurtos en los últimos tiempos, si bien no ha disminuido, no ha continuado creciendo. Esto también es un mito, porque lo que sucede actualmente es que ya no se denuncian estos hechos; esa es la verdad. Muchos de los que estamos aquí hemos sufrido hurtos y sabemos que ya no se denuncian, solamente se da cuenta de las rapiñas y de los homicidios.
Otro de los valores que el Gobierno podía exhibir como estable era la evolución de los homicidios, porque se mantenía estable en los últimos 20 años; se cometían  alrededor de 200 homicidios por año, con algunas variaciones en más o en menos. Lamentablemente, la cifra en materia de homicidios en el  año 2012 será record; el fin de semana pasado hemos superado los 209 homicidios. El promedio de los últimos 25 años en el país es de 207 homicidios y todavía nos quedan por delante tres meses y medio que, desde el punto de vista de la estacionalidad en cuanto a la comisión de homicidios, son los peores.
Frecuentemente se dice que esto se debe al crecimiento de algunas modalidades, en especial, al incremento de la violencia doméstica –que a todos nos preocupa–, pero cuando uno va a los indicadores del Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior ve que no es así, ya que la violencia doméstica representa el 13% de los homicidios en el país, mientras que los homicidios por rapiñas y copamientos representan el 32%, por riñas y  peleas eventuales, el 22%, y los que son por ajuste de cuentas vinculados al comercio de drogas representan el 17% de los homicidios en el país, lo cual implica un gran crecimiento de esta modalidad.
Esto nos tiene que preocupar porque, de acuerdo con el Estudio Global sobre el Homicidio de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Uruguay figura con la tasa de homicidios más alta entre varios países sudamericanos, así como también con respecto a Europa y a otras naciones. Tomando la tasa de homicidios cada 100.000 habitantes, Uruguay se encuentra por encima de Argentina, Perú y Chile. De acuerdo con estas estadísticas, la participación de los menores en los delitos de homicidio también se ha incrementado muchísimo. En el año 2006, el 9% de los homicidios era cometido por menores de edad y en el 2011 ascendió a 26%. A su vez, también se incrementó muchísimo la participación de los menores en las rapiñas: en el último trimestre de 2010 –según los datos del Ministerio del Interior–, más de la mitad de las rapiñas en Montevideo –el 53%– contó con la participación de menores.
Cuando se va a analizar las razones de la influencia de la pasta base en estos delitos, se debe tener en cuenta un estudio realizado por el Defensor de Oficio de adolescentes, doctor Daniel Sayagués, en base a la experiencia en los Juzgados de Menores. Es interesante mencionar que solo el 1% de los que delinquieron señalaron que lo hicieron por necesidades económicas y, contra la creencia popular, solo el 10% alegó haber robado para financiar su adicción a la pasta base. A su vez, el 54% afirmó no tener necesidad de robar, ya que no le faltaba nada, y el 35% alegó haber robado por ser su medio de vida o su trabajo.
Queremos ser claros: esta es una buena norma, que nos permite avanzar pero no atiende a la globalidad del problema de la inseguridad; con esto solo no alcanza.
Además, creemos que esta primera batería de normas tiene que venir acompañada por otras; no alcanza con atender el problema de la droga. También hay que atender –ha existido un compromiso de todos los Partidos en este Senado– la situación del Código del Proceso Penal, y la del funcionamiento de la Justicia. Todos sabemos que ha habido una gran evolución de la población reclusa en el país, que pasó de ser de 7.118 en 2005 a 9.450 en el año 2012, de la cual solo el 35% tiene condena y el 65% está esperando por ella. Lo cierto es que si no atendemos esta situación es muy difícil hablar de reinserción o de reeducación. Creemos que un nuevo Código del Proceso Penal es imprescindible, debe aprobarse tan rápidamente como estas normas, estableciendo la función del Fiscal, del Ministerio Público, como instructor, y del juez como verdadero juez y no como un juez instructor que a su vez resuelve y dicta sentencia.
Obviamente, eso debe llevar al estudio de cuál es la ubicación institucional en la que estaría el Fiscal de Corte, el Ministerio Público, ya que creemos que debe estar fuera del Poder Ejecutivo. De nada serviría adoptar medidas contra el tráfico de drogas sin acompañar con las normas del Código del Proceso Penal y sin atender la situación de la minoridad y también la de la actuación policial. Creo que esto es algo positivo, pero aún es poco para lo que hoy necesita el país.


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