¡Qué desastre!




Los diarios de hoy, viernes 6 de julio, titulan en tapa con el cierre de Pluna; el mismo hecho acapara, como era de esperar, la mayoría de los comentarios en los espacios radiales de la mañana. Después vendrán otros hechos, y otros, y otros más, y en pocos días lo ocurrido entre la destitución del expresidente paraguayo Fernando Lugo y el ingreso de Venezuela al Mercosur habrá quedado relegado a algún lugar lejano del centro de la atención pública.
Lo sucedido en las últimas dos semanas, sin embargo, tendrá consecuencias que se harán sentir en América del Sur durante mucho tiempo.
Quedó al descubierto la conexión entre la reacción de los países del Mercosur ante la destitución de Lugo, las sanciones impuestas a Paraguay y el ingreso de Venezuela al Mercosur resuelto en la cumbre de Mendoza. El fenomenal error político cometido por el Congreso paraguayo en el ejercicio de sus facultades constitucionales (una cosa no quita la otra), creó la ocasión para que Argentina, Brasil y Uruguay concretaran un propósito ya anunciado en la cumbre del Mercosur celebrada en Montevideo a fines del año pasado: remover de cualquier manera el obstáculo paraguayo al ingreso de Venezuela al bloque mercosureño.
Cómo se llegó, en la cumbre de Mendoza, a la incorporación de Venezuela, es algo que no está claro todavía. La versión que de los hechos dio el canciller Almagro a su regreso a Uruguay fue desmentida por la cancillería argentina y por Marco Aurelio García, prominente asesor de la presidenta brasileña DilmaRousseff (algunos dicen que su  “eminencia gris”) en asuntos de política exterior. Según Almagro, hubo fuertes discrepancias entre los tres socios hasta que, en una reunión a puertas cerradas entre los tres presidentes, se llegó al consenso, por razones que Mujica no tuvo a bien comunicarle a él, su canciller (¡!). Según los vecinos, todo ocurrió plácidamente y hubo consenso entre asesores, cancilleres y presidentes. Marco Aurelio García dice incluso que la iniciativa de incorporar a Venezuela fue de Mujica. No sabemos dónde está la verdad. Lo que no puede ser cierto es que Mujica no le haya comunicado a Almagro las razones por las que accedió a la incorporación de Venezuela. Es evidente que, al proceder así, lo desautorizó (por eso Almagro, molesto, se fue de sala mientras se leía la declaración final de la reunión). Lo menos que puede hacer un presidente que desautoriza a su canciller, es explicarle las razones por las que actúa así. Y lo menos que puede hacer un canciller a quien su presidente deja en blanco, sin decirle siquiera porqué, es renunciar. Por lo tanto, las posibilidades son dos: o bien Almagro falta a la verdad cuando dice que Mujica no le comunicó sus razones (esto es lo que yo creo que ocurre), o bien Almagro dice efectivamente la verdad y sigue en su cargo pese a que el presidente lo desautorizó y lo dejó enfrentar a la prensa, a la llegada a Montevideo, sin haberse dignado comunicarle las razones de su decisión. En cualquier caso, el canciller debería irse; está desacreditado, dentro y fuera del país.
En el seno del gobierno ni siquiera parece estar claro si el ingreso de Venezuela ya fue resuelto en Mendoza, o si está pendiente la realización de un estudio jurídico a fondo de la cuestión, antes de adoptar una decisión definitiva al respecto. El canciller Almagro defiende esta segunda posición, pero el presidente Mujica y el subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores, Roberto Conde, han dicho que lo resuelto en Mendoza está firme. Es asombroso que discrepancias de este tenor existan entre el presidente y su canciller, y entre éste y su subsecretario.
Otra discrepancia no menos rechinante que la anterior es la que existe entre el presidente y el vicepresidente de la república. Mujica está muy contento con el ingreso de Venezuela al Mercosur; Astori, en cambio, dijo que al haberse resuelto en las actuales circunstancias, es decir, sin el consentimiento de Paraguay, ese ingreso hiere profundamente la institucionalidad del Mercosur.
Las instituciones, sin embargo, nunca le preocuparon mucho a José Mujica. En su juventud recurrió a la violencia para imponer sus ideas. Ahora que es presidente, dice que lo político está por encima de lo jurídico e invoca las ventajas económicas que traería aparejada la presencia venezolana en el Mercosur, para pasar por encima del Tratado de Asunción, el Protocolo de OuroPreto y el Protocolo de Adhesión de Venezuela al Mercosur. Según esas normas, el ingreso de un nuevo miembro debe ser aceptado por todos los demás; y Paraguay, como es notorio, nunca aceptó a Venezuela. Pero Venezuela es rica en petróleo, Chávez es “generoso”, y el presidente uruguayo es un viejo tupamaro que nunca entendió el concepto de Estado de Derecho.
La desastrosa actuación del gobierno uruguayo en todo este asunto recibió además, no lo olvidemos, la bendición explícita de Tabaré Vázquez. Así que ¡festejen, uruguayos, festejen! Se ve que aunque algunos no nos damos cuenta, estamos viviendo en un país de primera.
            

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