#YoSoy132: el problema está en deslindar a los dementes u orates



Un amplio espectro de personas y posiciones confluyen en el apoyo a Andrés Manuel López Obrador pero se pueden identificar corrientes. Una está claramente compuesta por personalidades, como la mayoría de su "gabinete", con verdaderas credenciales democráticas; otra es la nomenclatura del Partido de la Revolución Democrática (PRD), del gobierno de la Ciudad de México, del Congreso y de los estados donde ese partido tiene cierta presencia; y como es evidente, hay una tercera corriente, militante y activista, probablemente menos viciada que la segunda, pero menos democrática que la primera y sí más visible y vigorosa que ambas.
Los democráticos en su gran mayoría son personas que buscan un ideal: una izquierda moderna, democrática, globalizada para gobernar a México, al tiempo que muchos de ellos provienen o suscriben los cánones del nacionalismo revolucionario sin su parte autoritaria. El problema que enfrentan es que aunque su deseo pueda ser compartido por muchos, la materialización de ese anhelo en la persona de López Obrador es simplemente insostenible si se remite las acciones y declaraciones del candidato de entonces y ahora. Pero no hay duda de que son lo mejor del lopezobradorismo.
La segunda es mucho más complicada. Son los cuadros que vienen del Partido Comunista, del viejo "Ferrocarril", de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR) y sobre todo del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que se fueron incorporando poco a poco al aparato perredista desde 1989, y de algún modo volviéndose los dueños de las finanzas, los puestos, los medios y los contactos internacionales del partido. No han sido especialmente competentes ni en hacerlo crecer ni en conducirse como leal oposición ni como oposición radical. Como leal oposición fueron desplazados por el Partido Acción Nacional (PAN), y como oposición radical primero por los zapatistas y después por otros grupos. Tienen fama, en parte bien ganada, de corruptos, mediocres y de arcaicos por su estatismo, su nacionalismo revolucionario autoritario y su castrofilia. Son lo peor del apoyo a López Obrador.
La tercera corriente es más heterogénea que las otras dos, sobre todo a partir del #YoSoy132. Para empezar abarca los medios de comunicación y comentócratas afines a López Obrador desde 2005, o antes: La Jornada, parte de Proceso, editorialistas de medios como Reforma, Milenio, El Universal, etcétera. Y de noticieros de radio de gran audiencia. Obviamente unas voces de esa "subcorriente" son más estridentes que otras; unas son más abiertas o tolerantes que otras; y algunas lindan en la demencia y el delirio antisemita como Jalife.
Parte de esta corriente son los trolls en Twitter. Como es sabido, algunos tuiteros profesionales retuitean hasta 21 mil veces la línea que viene de blogs o periódicos. Estos también se encargan de golpear a adversarios políticos, a comentócratas en redes sociales, o donde sea. Tienden a tener, como escribí, una indigencia política impresionante y son de una majadería e intolerancia notable. Son detestables y a veces tienen resultados contraproducentes.
Por último están los jóvenes, que son obviamente variopintos. Sin duda hay participantes de las manifestaciones estudiantiles de las últimas semanas que no votarán por AMLO, aunque aventuraría que si entre ellos se levantara una encuesta de esas que ellos mismos detestan, probablemente arrojaría que, efectivamente, son abrumadoramente votantes de AMLO. Desde luego, muchos de ellos que están en el seno del movimiento no comparten, por ejemplo, el "regreso de Aburto" o el "si hay imposición habrá revolución". Pero muchos sí y éste es el problema para los demás estudiantes y las demás corrientes. ¿Quién hace la amalgama de twiteros, manifestantes, comentócratas, burócratas y demócratas nacionalistas revolucionarios?, pues el mismo movimiento y ese es el quid. Se podría pensar en una simbiosis Cantinflas-Peña Nieto para resolverlo: el detalle está en el deslinde. Uno esperaría que dentro de este río revuelto que es el movimiento, los demócratas modernos y globalizados se deslinden de los dementes u orates. No sé por qué, pero dudo que suceda.
Distribuido por The New York Times Syndicate


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