Mario PIRIZ
“Lo más importante es, ¿sabes? no una colonia de jóvenes delincuentes, sino una escuela de educación social. ¡Necesitamos forjar un hombre que sea nuestro! Y tú eres quien debe hacerlo. De cualquier forma, todos tenemos que aprender. Y, por lo tanto, tú también aprenderás. Me gusta que me hayas dicho francamente: no sé. Eso está bien”. Poema Pedagógico. A. Makarenko
En estos tiempos, el tema educación es recurrente. Trátese el tema que fuere, todo termina en educación. Seguridad, vivienda, trabajo, salud, tránsito, civismo, campo, ciudad, ética, estética, política, música, en resumen, la vida individual y colectiva con todos sus problemas, desemboca en el tema educación. Y se tiene toda la razón del mundo.
Es que educar como vivir, son fenómenos dinámicos, dialécticos, inherentes a la propia existencia. Cada jornada, cada hora, es distinta a la anterior y a la que vendrá. Cada unidad de tiempo, más que problemas, tiene múltiples desafíos, cada vez más complejos y que requiere hacer del conocimiento y la praxis adquirida, herramientas eficientes en el discernimiento de los nuevos paradigmas y nuevos perfiles en la construcción de una vida humana siempre ascendente en sus valores esenciales.
Mientras se anuncia un nuevo congreso de la educación se registran nuevos fracasos en el sistema de educación oficial. Cuatro de cada 10 jóvenes uruguayos de entre 14 y 29 años de edad, no estudian ni trabajan (los renombrados Ni Ni). Dentro de esos miles que dedican su tiempo a merodear por calles y esquinas buscando matar el aburrimiento, se encuentra esa masa crítica de varios cientos que transitan el dramático camino de la delincuencia. La sociedad y el propio sistema político se desgarra las vestiduras, reclamando justicia y seguridad.
En un contexto universal distinto, en la postrimería de la revolución bolchevique de 1917, una situación similar vivía la sociedad rusa, con miles de adolescentes y jóvenes delincuentes asolando las calles, agregando violencia e incertidumbre a un ambiente conmovido por la revolución y la crisis socioeconómica dramática.
En esa línea de razonamiento señalada exhortamos revisar experiencias, como la del pedagogo Makarenko, verdadero patrimonio universal y una de las dignas herramientas a emplear para encarar estos desafíos cotidiano que tenemos los uruguayos. Los trescientos o más menores de edad que siembran zozobra con robos, homicidios y la pasta base son producto de un sistema educativo que ha fracasado en la preparación para la vida y la formación del ser humano. El sistema neoliberal tiene ahí lo que buscaba de acuerdo a sus objetivos: consumidores acríticos, vaciados espiritualmente.
La violenta destrucción del sistema democrático, no se hizo para satisfacer el sadismo de una élite autoritaria. La dictadura se impuso para crear un sistema educativo y cultural funcional a la reconversión capitalista para potenciar sus niveles de rentabilidad imponiendo el dios Mercado como medida de todas las cosas.
En materia de educación destruyeron a sangre y fuego, no solo los programas valerianos y de la socialdemocracia batllista, sino que destituyeron y mataron a los portadores de la memoria histórica pedagógica. Sustrajeron a generaciones de maestros y profesores, experiencias como la de Makarenco, cuyo Poema Pedagógico era hasta el 70 texto obligatorio en los institutos normales.
Aunque le hayan cambiado el collar al perro, el sistema educativo vigente es precisamente el principal caballo de Troya del neoliberalismo. Burocratizado, es instrumento frío y supuestamente impoluto de ascenso social de una pequeña burguesía ávida de disfrutar los privilegios globalizado de la gran burguesía. En el 2008, a vía de ejemplo, se suprimió los programas de escuela rural construido trabajosamente durante más de un siglo. Para la burocracia tecnócrata, - para quienes no existe la vaca lechera, sino el saché de Conaprole -, el Uruguay es una gran ciudad tercermundista. Más aún, instalan a presión en medio de nuestro desierto verde el Plan Ceibal, el seudo paradigma de la educación mundial del siglo XXI, proclamado por, nada más ni nada menos, el neoliberal Negroponte, en el encuentro de los selectos poderosos del universo reunidos en Davos en el 2005, y puesto en práctica por el progresismo, únicamente en Uruguay, y a costa del bolsillo de los uruguayos.
Precisamente, una de las características de éste sistema educativa es su absoluta capacidad crítica y autocrítica. “La educación popular requiere que el educador se cuestione, se eduque permanentemente en el diálogo con los educandos” sostiene Frei Beto, exhortando a renovar uno de los paradigmas levantado por Paulo Freire y empleado con éxito por Makarenko, como se observa en el ácapite en la década del 20 del siglo pasado.
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