Lescano en la Honda
El viento complicaba la mateada, porque al salir del termo el agua como emperrada, repiqueteaba por mis piernas antes de llenar el hueco del mate amargo (nunca hay que cebar encima de la montañita, hágalo siempre por debajo. Recuerde que se le lava. Ah, cebe siempre contra la bombilla).
Cebado el mate y cortada la rosca con chicharrones, estiro el brazo para alcanzarle la infusión a la patrona, y cuando miro a mi costado…, ahí estaba.
Quieto como agua de pozo, hundido en su reposera y cercado por dos mujeres y un veterano que por la cercanía y las carcajadas, era amigo del personaje en cuestión.
Héctor Lescano, ministro de Turismo y Deporte, el hombre fuerte del PDC (¿?), disfrutaba orondo del solcito del mediodía del domingo 30 de enero en playa Honda, aquí, en la capital nacional.
Su esbelto cuerpo yacía debajo de una sombrilla azul francia (con algo amarillo colgado entre sus varillas, creo que era una franela de auto) y su codo reposaba sobre un carrito de feria, que supongo oficiaba de bolso, donde el secretario de estado llevaba sus utensilios de playa.
Su delicada cintura permanecía envuelta en un short umbro azul, con betas celestes a los costados; finalmente un colgante vestía su cuello.
De repente, escuché algo… que digamos, lo hemos escuchados todos alguna vez; “te vas a sentir mejor si adelgazas unos kilos”.
Era la vos de una de las señoras que compartía con Lescano la sombra del parasol.
Inmediatamente pensé; a los ministros por lo visto le pasan las mismas cosas que a cualquier hijo de vecino.
La voz de la dulce mujer hizo saltar de la silla a don Héctor, que más rápido que ligero, y bajo la atenta mirada de un botija que lo acompañaba (vestido con la camiseta alternativa de Liverpool), picó cortito y llegó hasta la orilla del río/mar (lo que sea, el hecho es que el agua estaba “salada”, por la sal y su color chocolate).
Tras chapotear en ella constaté que el señor ministro no usó protector solar. Su prominente abdomen permanecía colorado como la bandera del partido… Colorado (o la bandera del partido Comunista que también es colorada).
De pronto, al mejor estilo Baywatch, el bronceado arremetió hacia donde estaban sus pertenencias y afectos; tomo al botija y a su amigo y se perdió entre la gente caminando, y caminando y caminando.
Moraleja no se me ocurre, una pequeña reflexión sí.
El ministro veranea en las playas de Montevideo, y esta bueno.
El Ministro no usa protector solar, eso no esta bueno.
El Ministro se muestra con su familia como cualquier persona y comparte su tiempo con amigos; eso esta bueno.
Pero (siempre hay uno), el Ministro es hombre, y en su casa… quizá la ministra sea ella, eso esta… GRACIOSO.
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