Delitos: Cada vez peor




Hace un mes el Ministerio del Interior anunciaba una reducción del número de rapiñas equivalente a un 15% en Montevideo en los últimos dos meses. Era una muy buena noticia, por primera vez se modificaba la tendencia ascendente desde hace largos años de los delitos de rapiña en nuestro país.
Era un dato alentador porque justamente las rapiñas son los delitos más impactantes sobre la seguridad individual puesto que al despojo de los bienes materiales se agrega la violencia, sea por vía de amenaza o por daño efectivo.
Sin embargo, la alegría duró poquísimo. El Ministerio del Interior acaba de publicar las estadísticas del delito cubriendo el período enero-julio y los resultados son nuevamente decepcionantes. Las rapiñas aumentaron en ese período con respecto a igual período del año anterior, en un 5,3%; también aumentaron significativamente los homicidios en nada menos que un impresionante 50%; las lesiones en alrededor del 8%; las violaciones en casi un 20% y las denuncias de violencia doméstica en alrededor de 30%. Solo se registra una reducción en los hurtos.
La conclusión es impactante todos los delitos asociados al uso de la violencia han aumentado en lo que va de 2012 con respecto al año pasado. Estos resultados vuelven a confirmar la tremenda escalada de la violencia en las relaciones interpersonales de los uruguayos. También pone de manifiesto que la política de seguridad pública sigue fracasando en la medida que no tiene capacidad de disuasión sobre los delincuentes.
El problema es que, además, los datos de 2011 mostraban crecimiento con respecto a 2010 y así sucesivamente desde hace muchos, demasiados, eternos años. Han pasado varias administraciones y muchos ministros del ramo sin que se hayan obtenido resultados positivos o, al menos, leves reducciones o cambios de tendencia.
Es inaceptable que se registre como un síntoma positivo la desaceleración del crecimiento porque, más allá del juego de palabras, la verdad inexorable es que la ocurrencia de los delitos sigue aumentando y lo único que se puede mostrar como un supuesto "logro" es que no aumentan tan rápido.
Esta reflexión encierra varios engaños.
En primer lugar porque el aumento de la comisión de delitos cuando cada año se producen más, lógicamente implica que mantener el ritmo de crecimiento porcentual supone cada vez un mayor aumento de delitos, por lo tanto que se reduzca el ritmo del aumento es una obviedad, puesto que alcanzar la misma cifra porcentual de crecimiento en un indicador que, a su vez, crece significaría un incremento cada vez más fuerte y, obviamente, todo tiene un límite.
En segundo lugar, porque dado el creciente deterioro de la situación de inseguridad, es cada vez más lógico que haya un mayor número de víctimas que no denuncian los delitos, por lo que la brecha entre los delitos registrados por el Ministerio del Interior y los efectivamente ocurridos puede haber aumentado. Por lo tanto, quizás las cifras registradas estén subrepresentadas con respecto a lo que efectivamente ocurre.
En tercer lugar, por la "razón del artillero", simplemente porque "los hechos son porfiados" y si los delitos aumentan, aunque aumenten menos, simplemente significa que estamos cada vez peor.
Entonces a no tapar el sol con los dedos, las cosas están cada vez peor.
Es muy triste porque nada nos gustaría más que aplaudir un cambio de tendencia. Sin embargo, los hechos se encargan de demostrar que la gestión del Ministerio del Interior no ha logrado revertir una tendencia histórica tristemente negativa y crecientemente adversa.
Lo peor que pueden hacer los responsables de la política de seguridad pública es pretender hacernos creer que las cosas vienen mejorando cuando toda la evidencia indica que, lo único que pueden ofrecer es que las cosas vienen empeorando más lentamente que antes.
Nosotros hemos sido particularmente abiertos a encontrar un cambio en los resultados de la política de seguridad pública; sin embargo el tiempo va transcurriendo y la ausencia de resultados concretos que permitan revertir las horribles tendencias existentes, reducen progresivamente el poco crédito disponible para quienes tienen a su cargo esta responsabilidad.
Seguimos sin entender por qué no se asume una estrategia firme y enérgica para desbaratar toda la estructura de los intermediarios del delito, es decir aquellos que compran las cosas robadas y las reintegran al mercado. Los reducidores son una pieza fundamental en el circuito delictivo de los delitos contra la propiedad, que son los que más impactan sobre la vida cotidiana de la gente.
Seguimos sin entender por qué no se desarrolla una enérgica acción de desmontaje de las bocas minoristas de distribución de drogas y, en particular, de la pasta base.
En definitiva, por qué no se avanza sobre situaciones que están a la vista de cualquier ciudadano y, por lo tanto, también están a la vista de la institución policial.

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