Marcelo
GIOSCIA
Nuevamente
la violencia doméstica es tema de atención y las campañas promovidas al más
alto nivel nacional, internacional y mundial para que se tome conciencia de
este flagelo y se actúe para erradicarlo, ponen de manifiesto la fragilidad de
los más desprotegidos y las carencias del sistema legal de protección de las
víctimas y sus huérfanos. Carencias que se advierten en el momento mismo de
implementar las medidas cautelares (con las que jueces y fiscales
especializados, pretenden garantizar la integridad física y moral de quienes
reclaman su intervención) que imponen tanto, el retiro del hogar del agresor,
como el cumplimiento de no aproximarse a la denunciante (conocida también como
medida que establece un área de exclusión).
Lamentablemente
se comprueba muy a menudo, la ineficacia de la respuesta dada a la violación de
lo dictaminado por la Justicia, y a la vez, la tardía cuando no omisa o
insuficiente respuesta policial, frente a la denuncia de la víctima.
Se realizan
eventos, se dictan conferencias y se promueven campañas publicitarias de gran
alcance, al tiempo que se aumentan las líneas de teléfono para denunciar este
tipo de hechos sin siquiera gastar en una llamada telefónica. Pero, duro es
comprobar que los resultados, son muy desalentadores y nos dejan un sabor
amargo.
Personalidades
políticas de primer nivel, tanto nacionales como extranjeras, así como
comunicadores y referentes sociales, brindan su imagen y apoyo a este tipo de
emprendimientos que pretenden se tome conciencia de este problema. Problema
social que, al quedar al descubierto, muestra que no es exclusivo de un
segmento de la sociedad (que podría pensarse sea exclusivamente el que carece
de las necesidades básicas insatisfechas) y que realmente, obedece a un sin
número de factores culturales mucho más profundos.
Sin embargo,
seguimos siendo testigos de crónicas policiales que, ponen de manifiesto
agresiones con resultado muerte y que, muchas veces se presentan como “crímenes
pasionales”. En puridad, un eufemismo que tal vez pretende describir hechos en
que la pasión funcionó por sobre la razón, pero que, en la mayor parte de las
veces, no llama a las cosas por su nombre y que, en cierto modo encubre, el
drama de un problema de pareja no resuelto por las vías pacíficas de
convivencia. Más aún, en aquellos casos en que se denuncian sin éxito
violencias y amenazas así como violaciones a lo dispuesto en sede judicial,
pero que terminan con la invalidez o la muerte de la víctima y el casi total
desamparo de sus huérfanos.
Por ello
estas organizaciones que visten de luto por las victimas y por sus huérfanos,
constituyen un llamado de atención social y responden a un colectivo que
entendemos, debiera disponer de mayores recursos humanos, profesionales y
financieros, a la hora de implementar con eficacia, soluciones que resulten
útiles para resolver las graves situaciones de riesgo o peligro inminente que
se someten a consideración de la autoridad judicial.
Pero si no
se implementan en forma urgente, planes educativos desde la infancia, que
apunten a fortalecer el respeto por la persona humana, el apego a las normas
jurídicas, (donde cada quien acepte que cada derecho va de la mano de una
obligación) y a una escala de valores morales permanentes, serán insuficientes
todas las buenas intenciones y el sistema seguirá arrojando estadísticas que
ponen de manifiesto inequidades y dramas socio familiares, que podrían llegar a
evitarse.
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