Posible crisis financiera

Marcelo Gioscia Civitate


Frente a los ciclos que se producen en la Economía, enseña un aforismo latino que, en los tiempos de prosperidad uno debe comportarse con humildad y en los tiempos de adversidad, con constancia. Esta enseñanza la recibimos de nuestros padres, y ellos de nuestros abuelos… mucho antes de interesarnos por el estudio de las ciencias sociales, y mucho antes de padecer la peor de las crisis financieras de que tenga memoria nuestro país, recién comenzado el Siglo XXI.  Efectuadas entonces, las correcciones que debieron realizarse –no sin costo político para el partido de gobierno liderado en ese tiempo por el Dr. Jorge Batlle- se inició el primer gobierno del Frente Amplio conducido por el Dr. Tabaré Vazquez quien reconoció haber recibido un país en crecimiento y con las finanzas en orden.
Desde allí, el viento de popa (con el aumento de los valores de las materias primas, el aumento de la producción de granos y de las exportaciones, las inversiones de capital extranjero) no ha dejado de impulsar la barca del crecimiento de nuestro país, de una manera formidable. De esta bonanza se viene beneficiando el segundo gobierno de la fuerza política de izquierda, a cuyo frente ahora se encuentra el Sr. José Mujica. ¿Cuánto durará este ciclo?
Pues, paralelamente, y pese a voluntarismos que se expresan para “reformar el Estado”, no ha cesado de crecer la plantilla de funcionarios a su servicio, ni de incrementarse el gasto público, (¿cómo hacer para no utilizar los recursos que se presentan con abundancia, frente a los interminables requerimientos de todo tipo que se plantean?) impulsado por la aplicación de políticas sociales y de distribución de los recursos, en una sociedad particularmente afectada por los coletazos de la ya histórica “crisis financiera del 2002”.
Aumentó la recaudación de impuestos, y a la vez, aumentaron los planes de asistencia y redistribución, pero sin embargo, no se ha logrado disminuir significativamente la pobreza, ni acortar en los hechos, la brecha social existente en nuestra sociedad (la que cada vez se hace más profunda) al punto que, se llega a reconocer la existencia de “tres ciudades” en nuestra capital y preocupa –incluso a figuras del oficialismo- el deterioro en la educación pública (área a la que se le ha asignado una muy buena porción del presupuesto sin exigirle mejora en su gestión) que distancia, aún más a nuestros futuros ciudadanos, colocándolos en desigualdad de oportunidades, según puedan o no acceder a los costos de la enseñanza privada. Y con ello, a los mejores puestos del mercado laboral.
El extraordinario período de bonanza que nos ha acompañado en los últimos años ¿se mantendrá eternamente? ¿No será hora de acumular los excedentes –con humildad y precaución- para no tener que recurrir luego a endeudamientos para seguir andando? ¿No será posible disponer por Ley la obligación de ahorrar en tiempos de abundancia, alejando a los gobernantes de todo intento demagógico?
Sin embargo, no ha resultado sencillo, poner freno a la tentación de gastar.
Parece que, nada se hubiera aprendido de las crisis por las que pasamos; como si no estuviera comprobada la bondad de la aplicación de políticas contracíclicas, las que, aplicadas con solvencia técnica y coherencia, nos permitirían por cierto, enfrentar las eventuales crisis por venir.

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