El TÁBANO
“Si quieres salvarte vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme”, habría dicho Jesús al joven rico, quien le manifestara que ya había cumplido toda la Ley. Sin embargo, y según el Maestro, aun le faltaba un punto...al cual el joven rico rechazó ante la perspectiva de perder su inmensa fortuna.
Se diría que ahí comenzaba la lucha entre el capital y el trabajo(si es que la hay), pero creo firmemente que se proclamaba allí el populismo. Palabra ésta que bien utilizada, suena con acento edulcorado desde remotos tiempos, Si bien el pasaje citado de las escrituras (como en su totalidad), debe medirse con la óptica de la simbología, eso nos otorga libertad para las más diversas reflexiones.Y aquí va una:
América Latina vive hoy y desde cierto tiempo, la influencia de los populismos. Y lo decimos en plural, porque no todos los “populismos” tienen el mismo perfil, ni todos los gobernantes populistas tienen empatías notorias.
Para comenzar, recordemos a José Batlle y Ordóñez en Uruguay.
Batlle era un populista.(?¿) Pero no impuso las reglas del populismo en base a regalías masivas, el populismo vino como consecuencia de su figura de estadista desnivelante, es decir, se generó a la inversa: las masas lo ungieron populista en silencio, ante su altura de estadista.
Su sesgo de populismo se nutría de valiosos componentes, tales como una moral inflexible, imagen de caudillo que extrapolaba toda duda, de austeridad, de visión de gobernante que apostaba a la felicidad pública, de patriarca seguro de sus decisiones, comprendido hasta por el más humilde ciudadano. Claro que ejercía su mandato en épocas de sólida moral y de respeto por todos los códigos, en mayor medida que en la actualidad. Y ese era un gran plus a su favor.
Y el populismo de Batlle no era otro que la admiración de las masas y la valoración de su obra, con leyes que trascendieron fronteras, posicionando a Uruguay en los primeros lugares: en derechos humanos, obrerismo y humanismo de mayorías.
Luego (y obviando muchas décadas y otros populismos no tan trascendentes), vimos el populismo peronista, por ejemplo en Argentina, con un perfil totalmente distinto al de Batlle, al del partido colorado en Paraguay, al de Getulio Vargas en Brasil, etc.
Posteriormente, tras gobiernos democráticos, sobrevino el ciclo de los militares, que cubrió al mismo tiempo a toda América Latina (o casi toda), para recomenzar luego de un “tiempo puente”, una etapa de populismos adormecidos por los gobiernos de facto. Pero ya lo había comenzado con mucha anterioridad Fidel Castro en Cuba, con un modelo populista de cuño marxista, que recién ahora y mediante declaraciones a la prensa, confiesa que ya es obsoleto hasta para los propios cubanos, para días después desmentirlo…
Hoy tenemos a Lula en Brasil, Chile tuvo su hora populista, Bolivia la tiene, Argentina en cierto grado también, y Uruguay y Venezuela con un populismo marcado. Sin embargo nos plantea una interrogante: los populismos: ¿están emparentados con la cultura e idiosincrasia de los pueblos? Es difícil responder, pues no nos olvidemos que Hitler subordinó a uno de los pueblos más inteligentes del mundo, reduciéndolo a un populismo espartano de increíble concepción.
Después de todo: ¿qué es el populismo? Robin Hood (arquetípico héroe del folklore medieval inglés del siglo XII, cuyo nombre significa “petirrojo encapuchado”), autotitulado defensor de los pobres y oprimidos, podría responder a la pregunta, pues él encarnó la idea que extraerle dinero a los ricos para dárselo a los pobres, sería la panacea para un mundo mejor. Y lo hacía sin anestesia, sin preguntar quien era el rico o si el pobre lo merecía. Algo similar ha fructificado hoy, en algunos gobiernos la idea es más decantada, en otros más truculenta.
Pero como todo es cíclico, y los ciclos se abrevian cada día más por las variables de la modernidad y la tecnología, prevemos que los días del populismo en América Latina están contados. Como un pulpo de mil tentáculos, éstos se vuelven contra sus progenitores ahogándolos con demandas ya insostenibles. Quizá un nuevo ciclo se esté gestando, quizá sobrevenga un populismo mutante, maquillado, desconocido.
¿Será bueno? ¿Será malo? De todos modos, el protagonista será el mismo: el hombre…
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