Por Ing. Agr. Eduardo Artecona
Es claro que el sector ganadero esta pasando por uno de sus mejores momentos históricos. Año a año se baten record de extracción, faena y exportación.
Hoy no existen opiniones en contrario, como ocurría en el pasado, el crecimiento que la ganadería de carne vacuna uruguaya emprendió a comienzos de los 90 le permitió romper un estancamiento de casi un siglo, y la transformó, en ese período, en la ganadería exportadora más competitiva del mundo.
Costó cierto tiempo, pero ante la magnitud del fenómeno, se ha comenzado a aceptar en forma general que este sector del agro uruguayo es y será por mucho tiempo la locomotora de la economía del País. No hay mejor y más duro ejemplo de lo que sufre la economía uruguaya cuando esta locomotora se detiene que la crisis de la aftosa del año 2001.
Este crecimiento del sector ganadero debe sustentarse en una provisión de terneros que sea suficiente para satisfacer la demanda de los demás eslabones de la cadena cárnica.
La pregunta se la hacen a diario los invernadores que no dan abasto para satisfacer la creciente demanda de los frigoríficos. Y los recriadores que tienen compromisos de provisión de novillos jóvenes con los engordadores a corral. Y también los diferentes operadores como escritorios rurales y rematadores que reciben demandas de las fases finales de la cadena cárnica, y no le pueden dar respuesta satisfactoria, es ¿de donde vamos a sacar más terneros?
Si bien en los últimos tiempos todos los indicadores de eficiencia del sector criador han mejorado sustancialmente, el compromiso debe ser seguir mejorando. Solo para ejemplificar veamos la evolución del número de terneros producidos. Si dividimos en cuatrienios el período que va de 1982 a 2009, observaremos un estancamiento hasta 1993 y, a partir de 1994, un llamativo crecimiento. El promedio de terneros obtenidos en 2002-05 es 43% mayor que el del cuatrienio 1990-93 y es 22% mayor que el del cuatrienio 1998-01, inmediato anterior; en el periodo 2005-09 los datos no hacen más que confirmar la tendencia.
Este crecimiento ha estado fuertemente influenciado no por un aumento de la eficiencia reproductiva sino fundamentalmente por el crecimiento en el número de las vacas entoradas que pasan de tres a cuatro millones. La eficiencia reproductiva en el período 2000-2007, medida como porcentaje de terneros obtenidos por vaca entorada (porcentaje de procreo) pasa de 61% a 66%. En países como Australia y Nueva Zelandia este indicador ronda el 90%.
Debemos preguntarnos porque no aumenta la eficiencia de rodeo vacuno, son los productores dedicados a la cría vacuna agentes económicos que se manejan con parámetros diferentes al resto. La respuesta es claramente que no, estos productores agropecuarios procuran maximizar su rentabilidad.
A los criadores les tiene que convenir hacerlo. Aún el criador que vende todos sus terneros al destete, vende también los refugos de vacas y vaquillonas, que representan una cantidad similar de kilos, que la de los terneros machos más el refugo de las terneras hembras.
Esto quiere decir que, además de la actividad de cría, tiene la alternativa de hacer recría e invernada y le puede convenir más alguna de estas opciones, que mejorar el porcentaje de preñez. Según estimaciones realizadas el economista Irigoyen, el kilo de ternero tiene que valer en torno a un 40% más que el de novillo, para que la cría y la invernada tengan un resultado económico similar, por los mayores requerimientos de mantenimiento que tiene la cría y por primera vez de acuerdo a las series históricas en el año 2008 se alcanzó esa relación de precios.
Aumentar el número de terneros producidos es fundamental para seguir creciendo, los caminos son claros, aumentar el número de vacas entoradas y mejorar la eficiencia del rodeo lo que nos lleva a que la cría sea cada vez más una producción intensiva donde la genética, alimentación y sanidad son fundamentales y aumentar la eficiencia reproductiva.
El mercado esta dando claras señales en el sentido de la necesidad de aumentar los procreos y los productores están haciendo lo suyo, es hora que desde el Estado se apoye este fenómeno.
El establecimiento de políticas de estado, como la Política Forestal, han demostrado su éxito.
En este contexto creemos importante establecer una política consensuada entre todos los actores públicos y privados que al estilo de la Ley Forestal de un marco de largo plazo de beneficios fiscales a este sector de la ganadería, en donde el eje gire en torno a una disminución de los impuestos pagados por el productor en virtud de metas de eficiencia reproductiva claramente establecidas.
Sin duda esto no será por si sola la solución pero será una señal mas a las que ya esta enviando el mercado.
El trabajo de las anteriores administraciones logró posicionar la carne uruguaya en el mundo, hoy debemos apoyar a los productores para que cada vez mas terneros nazcan y se consolide definitivamente este crecimiento imparable de la ganadería.
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