El surrealismo de Larrañaga y Mujica




César GARCÍA ACOSTA

“Seamos realistas, pidamos lo imposible”, decía el fundador del surrealismo, el francés André Breton, hacia mediados del siglo XX. Hoy, en Uruguay, un nuevo ensayo asoma comola versión siglo XXI de aquella inspiración filosófica: su autor es el nacionalista Jorge Larrañaga.
Cincuenta años después de Breton, en lo que puede definirse como la versión uruguaya y casi siempre tardía, el Presidente José Mujica y el Senador Larrañaga, parecen protagonizar la autoría de un nuevo ensayo sobre cómo –partiendo de un dato de la realidad- puede caerse en tal visión parcializada de los hechos, que les permite sostener que Uruguay es un país seguro o que el ministro Eduardo Bonomi, de Interior, es el mejor Secretario de Estado que nos ha presentado a los uruguayos el Frente Amplio.
Que problemas de seguridad pública siempre hubo, es un hecho. Que la violencia extrema ha ido creciendo de manera constante, también lo es. Que el ministro casi anunció en un estado de estrés laboral que no se animaba a no recomendar que la gente se arme para proteger sus vidas, es incuestionable. Y que un día y otro también, con apoyo o no de Bonomi, la policía se le va de las manos y protagoniza patotas sindicales, las cárceles padecen amotinamientos, y ahora hasta los jueces penales, que todo lo ven, se llaman al asombro al presenciar en un solo turno judicial, en apenas un fin de semana, dos ajusticiamientos mafiosos y un copamiento con menores como delincuentes.
Las directivas policiales sean de persuasión o de represión, salen de posiciones asumidas en primera instancia por el ministro. Y Bonomi no es cualquier dirigente político; es el ministro articulador del Presidente que parece no encontrar el modo de hacer que la violencia empiece un proceso de descenso social.
Hay violencia en ámbitos muy disímiles, y eso no es imputable ni a la sociedad ni a los medios de comunicación. Creer lo contrario, es decir, hacerse a la idea de la paz social comandada por la policía, parece una utopía rayana con la ridiculez, en tanto como país debemos tener una política de estado en materia de seguridad, protección y defensa de la integralidad individual que dista mucho de lo que se dice y se hace en esta materia. Mucho es lo que sucede en el paisito; el Uruguay ni es la puerta de atrás del mundo ni la ventana de una América latina cada vez más critica en materia de educacional con incidencia sobre la seguridad pública.
Pero cierto es que desde hace apenas unas horas hay más patrulleros en las calles; con la contradicción de que ahora han pasado a ser muchos también los policías queno usan esos patrulleros porque no saben manejar.
De ahí lo utópico o poco creíble de los asados del Pepe Mujica con el Guapo Larrañaga; sus té de las cinco en la chacra de Rincón del Cerro o las tardes compartidas en el bar La Estacada de Punta Carretas. Ambos son dirigentes políticos que deberían ser antagónicos en forma y en sustancia. Si esto no es así, casi seguro que un Breton asumirá aho9ra cuando se vengan los cambios como ministro de Gobierno, al tiempo que Larrañaga, muy cómodo desde la oposición, ensaya un estilo conformista que cada vez más lo aleja de ser una opción de cambio al término del mandato de su amigo el Pepe.
Mientras tanto, Pedro Bordaberry sigue en el rumbo de la coherencia, que no es ni más ni menos, que contraponerse al Gobierno y a sus comnpañeros de ruta.

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