La cuestión es darse
cuenta…
Últimamente estoy más
aburrido que de costumbre, un poco hastiado, si me lo permiten, de tantos
comentarios, de tanta poesía y de tanto canto popular, exaltando la simplicidad,
la bondad y la sabiduría del hombre simple, del hombre de un lenguaje
campechano, vulgar y popular. Y cuando los periodistas comienzan a elogiar lo
mismo transformándolo en un valor, creo que es el colmo de la mediocridad.
También pienso que
cuando alguien, dijo o escribió algo al respecto y lo hizo con la simplicidad y
contundencia de José Ingenieros, no vale la pena interpretarlo o recrearlo,
solo con trasmitirlo literalmente debe alcanzar y aquí va, extractado de su
obra cumbre “El hombre mediocre” escrita alrededor de 1914 (creo).
“Aura mediocritas”
Hay cierta hora en que
el pastor ingenuo se asombra ante la naturaleza que lo envuelve. La penumbra se
espesa, el color de las cosas se uniforma en el gris homogéneo de las siluetas,
la primera humedad crepuscular levanta de todas las hierbas un vaho de perfume,
aquietase el rebaño para echarse a dormir, la remota campana tañe su aviso
vesperal. La impalpable claridad lunar se emblanquece al caer sobre las cosas;
algunas estrellas inquietan con su titilación el firmamento y un lejano rumor
de arroyo brincante en las breñas parece conversar de misteriosos temas.
Sentado en la piedra menos áspera que encuentra al borde del camino, el pastor
contempla y enmudece, invitado en vano a meditar por la convergencia del sitio
y de la hora. Su admiración primitiva es simple estupor. La poesía natural que
le rodea, al reflejarse en su imaginación, no se convierte en poema. Él es
apenas, un objeto en el cuadro, una pincelada, un accidente en la penumbra.
Para él todas las cosas han sido siempre así y seguirán siéndolo, desde la
tierra que pisa hasta el rebaño que apacienta.
La inmensa masa (Ortega
1930) de los hombres piensa con la cabeza de ese ingenuo pastor; no entendería
el idioma de quien le explicara algún misterio del universo o de la vida, la
evolución eterna de todo lo conocido, la posibilidad de perfeccionamiento
humano en la continua adaptación del hombre a la naturaleza. Para concebir una
perfección se requiere cierto nivel ético, y es indispensable alguna educación
intelectual. Sin ellos pueden tenerse, fanatismos y supersticiones: ideales
jamás.
Los que viven debajo de
ese nivel y no adquieren esa educación permanecen sujetos a dogmas que otros
les imponen, esclavos de formulas paralizadas por el herrumbre del tiempo. Sus
rutinas y sus prejuicios parecenles eternamente invariables; su obtusa
imaginación no concibe perfecciones pasadas ni venideras, el estrecho horizonte
de su experiencia, constituye el limite forzoso de su mente.”
Mas claro échale agua, decía
mi abuelo Ramón.
Escribe M. Scout Peck en
“El camino Personal” (1997) – “¿Con que frecuencia, de hecho, nos detenemos a
pensar en aquello que creemos? Uno de los mayores dilemas que enfrentamos como
individuos y como sociedad es el pensamiento simplista, o el hecho de no pensar
en absoluto. No es solo un problema, es el problema.”
Al que le quepa el sayo
que se lo ponga.
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