Los “camelot” y la degradación social y política de la Línea Divisoria


El poder público brasileño, desalojó judicialmente y recuperó para la sociedad fronteriza la plaza Flores da Cunha, la popular y emblemática plaza “Dos Cachorros”. La tan esperada determinación impactó positivamente en la opinión pública. Es sin duda el  inicio de un arduo proceso de rehacer la credibilidad y la esperanza en el sistema político  gobernante. Decimos que es el inicio, no solo porque aún falta limpiar y reconstruir, sino porque el lado uruguayo todavía no empezó.  En muchos años es la primera acción radical del municipio santanense.
Es justo reconocer asimismo que el gobierno departamental de Rivera ha desarrollado, en los últimos 10 años, una profunda transformación en el resto de la Línea Divisoria en su pasaje urbano.  Primero fue la recuperación y apertura de la calle 33 Orientales en el tramo comprendido entre Agraciada y Fructuoso Rivera.  Luego la recuperación del paseo central de Wilson Ferreira Aldunate, asfaltado, construcción de veredas y alumbrado desde Leandro Gomes en toda su extensión hasta Quintas del Norte.
Cabe recordar que el polémico tema de los “camelot” ha estado centrado específicamente en las tolderías instaladas ocupando la vía y paseo público en el punto más céntrico de la frontera. Hay que reconocer que la instauración del “camelódromo” binacional, es producto de un sistema político gobernante, tanto en Rivera como en Livramento,  incapaz de proyectar un desarrollo integral y sustentable de la vida comunitaria, permitiendo demagógicamente, no solo la privatización del espacio público, sino haciendo  la “vista gorda” a la violación de las normas legales, impositivas, y sanitarias, más elementales.  Más aún, con la excusa de que era la fuente de recursos de varias familias, se legalizó y reglamentó  la ilegal instalación de las tolderías, llegando al colmo de construirse una letrina de lujo en medio de la calle y una parodia de plaza de comida recostada  sobre la misma plaza que hoy se desalojó.
Y las responsabilidades políticas no se limitan a los gobiernos municipales, sino que incluyen, al menos en Uruguay, a las autoridades nacionales. En primer lugar al Ministerio de Relaciones Exteriores que nunca asumió sus obligaciones de defender y preservar el espacio geográfico internacional. Lo máximo ha sido restaurar y limpiar los marcos y postes demarcatorios de la frontera.
En segundo lugar, el Ministerio de Economía y Finanzas que aún hoy, es incapaz de hacer cumplir las leyes impositivas. Aunque las infracciones se cometen a cielo abierto, para la Dirección General Impositiva, la Dirección de Aduanas, el BPS, etc. el camelódromo es una fantasía, una ilusión óptica, un fantasma denunciado por los “mala  onda “de la opinión pública nacional e internacional. Y lo mismo ocurre para los Ministerios de Salud Pública, Trabajo, Industria y Comercio, y Turismo y Deportes.
Y por supuesto,  la instalación de los cameródromos no es ajeno al sistema capitalista internacional que no tiene reparos en violar las tradicionales leyes democráticas y degradar las comunidades, con tal de potenciar sus ventas, y por ende sus ganancias y poder.
Evidentemente, ha llegado la hora de decir basta al proceso de transformar el espacio público internacional de Rivera-Livramento en un anexo de Ciudad del Este, Paraguay, el principal centro del cono sur latinoamericano de tráfico y comercialización de armas, drogas y todo tipo de mercaderías, así como de corrupción y lavado de dinero. Hay que recordar que una de las vías de suministro de armas a las mafias delictivas cariocas era precisamente ésta frontera. 
El término “camelot”  desde hace algunas décadas atrás se incorporó definitivamente al lenguaje popular, ratificado por la presencia permanente de comerciantes en los espacios públicos, no sólo en nuestra frontera, sino como un fenómeno extendido en toda la sociedad contemporánea y formando parte marginal de la globalización capitalista neoliberal. Como estructura lingüística, de acuerdo al diccionario de la Real Academia Española (RAE), proviene del francés antiguo “camelot” y como expresión dialectal o argot de “chamelot”, “chamel”, camello. Sin embargo, su significado actual, previo paso por el portugués, deriva del término “camelo” que, según la RAE, quiere decir, “notica falsa… simulación, fingimiento, apariencia engañosa…”, etc.
Comercializar productos superfluos y de dudosa procedencia, tomando por asalto la vía y espacio público, constituye por lo menos, un trabajo carente de dignidad. Si bien puede proveer los recursos económicos necesarios, a la larga trae más daños que beneficios, tanto para quienes lo ejercen como para el resto de la sociedad. La degradación social y política es evidente. Y no se puede más confundir complicidad con la fraternidad y solidaridad propia del espíritu fronterizo. Para  volver a la cultura del trabajo, de la dignidad y la libertad es tiempo de respetar y hacer respetar las leyes, los bienes públicos y a toda la sociedad.

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