La senda del cambio




Del 21 de mayo de 2007 nos separan algo más de cuatro años; algo más de 122 publicaciones de OPINAR en la que ha ido buena parte de nuestras vidas en lo político y en lo personal, sea como lectores o periodistas, aunque todos con la misma impronta de hacedores de una filosofía política que perdura por más que pasan los años.
De una forma u otra siempre estamos reconsiderando los espacios de comunicación: si su capacidad de efectividad es la adecuada, si como medio de expresión se ha transformado en un fin en sí mismo o si constituye, como así pretendemos, en una herramienta más para un esquema político que busque reposicionarse sin perder de vista su tradición y su sentido originario: la búsqueda de la libertad.
Cuando el Dr. Enrique Tarigo por los años ochenta imaginó OPINAR, lo hizo a sabiendas que el país transitaba el cercenamiento del decir libremente aquello en lo que se creía que era la razón misma de la vida de los uruguayos. Y la libertad tenía un sentido claro e inequívoco para todos quienes asumían que esta publicación era una herramienta para llegar al ejercicio pleno de los derechos en libertad.
Los años le dieron la razón; OPINAR sirvió como uno de los tantos esquemas de libertad posibles, y marco una época muy ligada a una forma de sentir, de decir y de decidir; ni más ni menos que la democracia republicana.
Llegó el primer Gobierno de la nueva democracia y OPINAR habilitó que sus principales figuras pasaran a desempeñar puestos en el Parlamento y en el Gobierno Nacional.
Como gustaba decir a Tarigo “el gobierno fagocitó al partido” y con ello se fue dando paulatina e inevitablemente la caída de las estructuras que habían levantado a aquellos centros de discusión y debate de ideas que eran lo semanarios y hasta los diarios. Y también llegó el tiempo de los “diarios” y todos admitimos la debacle de EL DÍA, de LA MAÑANA y del DIARIO y algún tiempo antes de ACCION. Por ese entonces ya ni JAQUE, OPINAR ni CORREO DE LOS VIERNES circulaban para afianzar la democracia, porque casi todos en la interna partidaria habían asumido que esos emprendimientos se debían a una época y a un contexto determinado.
Paradojalmente con la desarticulación de los semanarios primero, y de los diarios un tiempo después, el Partido Colorado -y particularmente el batllismo-, fueron perdieron el pie y cayeron tanto en el imaginario de la opinión pública, como en la propia referencia que unos y otros líderes políticos del partido, hacían sobre su propia realidad.
Inexorablemente el tiempo pasa y la revolución de los medios de comunicación es a todas luces un dato de la realidad. Ya no sólo hay lectores de diarios en papel, ahora hay generaciones formadas en otras aplicaciones comunicacionales, como el Factbook, la Internet, y en ella los diarios digitales, que difieren en la búsqueda de contenidos en la forma de expresión, en la presentación de los productos y en tantos otros mecanismos y sistemas de los que hemos quedado, por cierto, distantes y a veces perdidos en el tiempo.
Pero cuando se aclaran las ideas nos damos cuenta que hay algo que no cambia, que hay algo que se mantiene inalterado y que sigue siendo necesario. Ese “algo” manifiestamente esencial, es el pensamiento y su expresión. Si no encontramos que ese algo tenga un lugar donde decir aquello en que se cree, el fracaso será inminente.
Las ideas requieren de la tinta sobre el papel, de la pantalla de la computadora o de los mensajes de celular, para poder decir presente y propagarse en señal de respeto a los ideales.
Tengamos cuidado con el marco decisorio y la elección de las sendas a transitar. Algunas pueden ir rumbo a una porción del mercado social hasta ahora desconocida, pero eso jamás debe suponer el quiebre sistemático con la tradición y con el pasado, porque esa es un historia repetida que nos llevó, sin autocrítica mediante, a relegar los espacios de poder de un Partido con esencia de gobernante.
Mirar el mundo es también mirarse a uno mismo: España y sus resultados electorales han sido un ejemplo más de por donde pasan los intereses de la sociedad. Los cambios no pueden ser fruto de populismos ni del estado de una crisis. Los cambios deben sobrevenir una vez asumida la realidad, y para ella y en ella los medios de información, y sobre todo los de opinión, están llamados a jugar un rol fundamental.
OPINAR requiere de transformaciones propias del tiempo en que vivimos. Asumirlo en la reflexión debería encuadrar para todos los que participamos de este proceso, en aquél pensamiento de Ortega y Gasset que decía: “yo soy yo y mis circunstancias, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

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