Tabaré Viera Duarte
¡Reformar la Constitución! ha sido siempre una especie de “mantra” en el ritual político del Uruguay. No debe haber en el mundo una Carta Magna más “toqueteada” que la de nuestro país, sin contar la cantidad de plebiscitos de reformas que no fueron aprobados. En los últimos años, además, se le han adicionado temas que claramente nos son materia constitucional, como el ajuste de las pasividades o el tema del agua en la órbita estatal.
En la historia de las reformas, ningún aspecto ha sido más recurrente que el sistema electoral. En ese sentido, fue en 1996 que aprobamos la última modificación, la que incluyó entre otras cosas, la separación en el tiempo de las elecciones departamentales de las nacionales y el balotaje o segunda vuelta.
A instancias del Senador Francisco Gallinal, el Senado de la República aprobó en junio de 2010 la formación de una comisión especial para que estudie el sistema electoral vigente desde 1996 con el objetivo principal de acortar un proceso que desde todos los partidos se observa como demasiado largo, entre elecciones internas, elección nacional, balotaje y elecciones departamentales y ahora municipales.
La comisión tiene nueve miembros y debe trabajar durante cuatro meses, pero aún no comenzó a funcionar.
Los cultores de la sagrada reforma, vuelven a hablar sobre la posibilidad de nuevas modificaciones. Algunos, como el Senador Fernández Huidobro, argumentando precisamente lo largo del proceso electoral y los elevados costos que ello supone, proponen acotar el balotaje, eliminándolo cuando un candidato obtenga mayoría parlamentaria o una diferencia con el segundo de más de diez por ciento. Otros actores políticos, como el Senador comunista Eduardo Lorier, proponen volver a juntar las elecciones nacionales con las departamentales, habilitando el voto cruzado.
También se han escuchado voces proponiendo la conformación de una Asamblea Constituyente, para encarar una nueva Carta con estos y otros temas.
Otros representantes del oficialismo han dicho que la cuestión no está entre sus prioridades, por lo que nos sería el FA quien reactivaría a esta comisión especial.
En nuestro Partido Colorado el tema no ha sido tratado formalmente, aunque se oyeron voces desde varios sectores.
En nuestra opinión, reformar la Carta no es un asunto para todos los períodos. Es verdad que el proceso electoral resulta un poco largo, pero en definitiva votar es la mayor expresión del soberano.
Establecer la conformación de una asamblea constituyente, sería convocar a una nueva elección (de constituyentes) y abrir un debate en el que seguramente se propondrían absolutamente sobre todos los temas nacionales. Desde el voto epistolar, hasta la ley de caducidad. Pasando por el salario de los ediles y el restablecimiento de la acumulación por sub lemas para candidaturas a diputados. Realmente entraríamos en un debate gigantesco con posibilidad de aumentar la casuística en nuestra ley fundamental.
Sin descartar el riesgo que una mayoría circunstancial, (porque en el devenir histórico siempre lo son) proponga modificaciones tendientes al establecimiento de un régimen
constitucional autoritario, lamentablemente tan típicos en nuestra América Latina.
Respecto del acortamiento del proceso electoral, desde ya anunciamos la más radical oposición a la pretensión de volver a juntar en el tiempo las elecciones nacionales y las departamentales.
Ya nos hemos expresado con anterioridad y los repetimos, separar ambos actos fue un avance muy importante en la democracia uruguaya. Hicimos más libres a los ciudadanos a la hora de votar a sus gobernantes locales.
Ahora se elijen Intendentes, Ediles y Concejales independientemente de lo ocurrido en la instancia nacional. No existe contaminación. Elegimos a los mejores vecinos para las administraciones locales, inclusive con independencia de partidos políticos e ideologías.
Digámoslo claro, a lo largo de la historia política de nuestra patria, los dirigentes del interior, de todos los partidos, sirvieron de “junta votos” para los dirigentes nacionales.
Con el impedimento de cruzar votos entre partidos y con la votación en el mismo sobre, los candidatos departamentales corrían en situación de dependencia de la estructura partidaria nacional.
A partir de 1996, los gobiernos departamentales son electos con sus propios votos por lo que el prestigio de los Intendentes ha crecido muchísimo, molestando a quienes ahora proponen volver atrás. ¿Que se creen los dirigentes del interior que ya casi no trabajan para la elección nacional esperando la departamental? Y cómo molesta que ahora los Intendentes tengan conciencia de su verdadero valor político, por el apoyo popular que logran y se transforman en una severa competencia en los espacios nacionales!
Si lo que se quiere es acortar en el tiempo el proceso electoral nuestra propuesta es eliminar la elección interna y hacerla junto a la elección nacional de octubre. Para ello se debería volver al doble voto simultáneo y que puedan haber varios candidatos presidenciales por partido. Los más votados, de los partidos que hayan salidos en los dos primeros lugares, concurrirían a la segunda vuelta.
Todo es discutible, excepto volver atrás en la separación de las elecciones departamentales, como ocurre en todo el mundo. Nos gustaría incluso que fueran más separadas aún en el tiempo.
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