LA CAÍDA DE UN ÍDOLO

Wilmar PEREIRA

Recuerdo una película  de Hollyvood muy popular en la década de los sesenta, llamada “La caída de un ídolo”. Y el tema era el de un pugilista  al que lo habían convertido en ídolo con rivales “arreglados”, para un día enfrentarlo a un rival de verdad  y así, ganándole, habían apostado fuertes sumas en su contra ganando fácilmente. El ídolo se derrumbó en forma humillante…
Pero existen otros ídolos, los que no son imágenes de barro, ni de oro, ni de carne y hueso, sino ídolos de conciencia y de promesa, ungidos por las masas en un rapto de fe ciega, de creencia en un emblema, en una bandera, en un partido, y que captan la buena voluntad del más prevenido.
Es lo ocurrido en Uruguay con el “boom” del Frente Amplio.
El frente fue sin dudas el imán de miles de compatriotas, jóvenes y viejos, blancos y colorados, decepcionados por gobiernos que les habría disgustado, o seducidos por un simple brinco “snob” político. O quizá por la espera y curiosidad de nuevos tiempos, a la sombra de discursos nuevos.
Pero el tiempo, viejo zorro aun en la política, se encargó de desnudar, vendaje por vendaje, aquella momia que lucía imponente y misteriosa, hasta dejar al descubierto, un esqueleto miserable de huesos, decadente legajo de un falso ídolo, como lo fue el concepto de renovación y probidad (¿), como un caballito de batalla que corre hacia el abismo.
Como en la película referida al principio, al falso campeón lo va salvando la campana de la bonanza internacional.
Hacemos votos fervientes para que esa campana suene sin cesar, y a los “promotores” no se les ocurra que ya es hora de ganar la fuerte suma, y se traigan a un verdugo que propicie la caída del ídolo…

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